Juan, sin apellido conocido, “era” mecánico. Se puso chulo con su empresa porque le rebajaron el salario alegando tener mano de obra mas barata. 30 años al carajo y entro en las filas de los cincuentones, en la zona de tierra de nadie. Después de agotar su pensión, entro en la decadencia de no tener nada. Solicito el PIRMI de 426 €, ultimo recurso para los parias y navego durante el año que tardaron en concedérselo, en el bote de la indigencia. Las represalias sociales fueron claras; cortarle la luz, no poder pagar el piso y la escalera,buscar comida en los containers, etc Si no demuestras tu miseria no tienes acceso a NADA y si no tienes cargas familiares no eres NADA.
Vivía con una batería de coche una bombilla y un transistor. Sus vecinos se preguntaban como conseguiia la luz y alertados por el sonido que salia de su vivienda.
Se adaptaba a los cambios horarios para irse a dormir al anochecer, cosa que le costaba mucho, y en las noches de desvelos oía hasta muy tarde la radio llegando a ser un entendido de la programación de las diferentes emisoras.
Caminaba lento, desgarbado y sin ganas de llegar a ninguna parte. El Bar de la esquina era su meta y allí imploraba con la mirada un quinto de cerveza . Procuraba ser amable para caer en gracia he implorar la clemencia de la clientela en ofrecerle la bebida y a poder ser un cigarrito. A veces lo conseguía, aveces no pero él esperaba pacientemente en la barra del bar la llegada de su buena fortuna en forma de un buen samaritano. Siempre lo agradecía con un gesto de humillación.
El no lo savia pero la gente chismorreaba de su fama; había sido legionario. Nunca le oí pronunciarse, nunca hizo apología, solo le gustaba el Barça pero su estigma lo acompañaba como joroba de cuchicheos.
Para conseguir el PIRMI tuvo que hacer un curso de reciclaje de aparatos viejos en una nave en la otra punta de la ciudad de Barcelona. El curso de 6 meses y sin remuneración ni seguro, consistía en aporrear aparatos hasta destrozarlos o cortarlos con la radial para ser vendidos como chatarra. Se enfadaba mucho; si él era mecánico ¿para que tenia que hacer un curso de destrozar maquinarias?. También se enfadaba mucho cuando se quería quedar con alguna cosa en buen estado y le pedían un dinero por algo que había tirado la gente.
Racionaba la tarjeta del bus que le daba la Asistenta Social porque solo le llegaba para ir a los “cursos” y caminaba largos trayectos para asistir al medico que pronosticaba enfermedades que a el le tocaban un “pito”.
Se corto con la radial los dedos de la mano derecha. Él lo minimizaba por la ventaja de ser zurdo. pero se descuido, no fue a las curas con la escusa de estar lejos el medico, la apatía de levantarse por la mañana y la desgana de no hacerse la comida y se murió con la luz encendida de la batería de coche de 12 voltios y el transmisor encendido. En el Bar no lo echaron de menos, los vecinos agradecían no encontrarse en la escalera a tan desgarbado personaje y tardaron en descubrirlo muerto.
Yo te recuerdo en tus paseos por la Ruta 426

Comentarios

Entradas más populares de este blog